COLUMNAS DE OPINIÓN 
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Las buenas noticias que nos trae Arellano
Escrito por Giovanni Bonfiglio   
28 / 06 / 2010
El reciente libro de Rolando Arellano Cueva “Al medio hay sitio. El crecimiento social según los Estilos de vida”, nos trae buenas noticias. Aunque el mismo autor se encarga de aclarar que se trata de un libro escrito desde el punto de vista del mercadeo y del análisis del consumo, contiene un buen análisis de la sociedad peruana actual y de cómo ha evolucionado en las últimas décadas.

En primer lugar cabe destacar la idea de fondo del texto, según la cual la estructura actual de la sociedad peruana no se asemeja a una pirámide, sino a un rombo. Esta idea trae por tierra las más difundidas interpretaciones de la realidad social peruana de las últimas décadas, según las cuales en la sociedad peruana se daba un proceso de polarización económico y social, a través del cual cada vez habría pocos ricos, un enorme y creciente bolsón de pobres, y al medio una delgada capa media. Lo que nos dice Arellano es todo lo contrario: se ha reducido el porcentaje de ricos y de pobres, al tiempo que se ha engrosado el sector medio. De ahí que esta estructura se asemeja más a un rombo y se aleja de la figura de la pirámide.

La disminución de las desigualdades en una gran buena noticia, que merece ser destacada. Esta interpretación nos aleja de las interpretaciones pesimistas y catastrofistas acerca del modelo de desarrollo que el Perú ha emprendido en las últimas décadas. Según Arellano, no vamos camino al enfrentamiento social y de clases, sino a la integración social. En el futuro podemos albergar esperanzas de un Perú más cohesionado y menos fracturado, justamente porque los de abajo han entrado a la clase media y a la modernidad.

El segundo capítulo del libro “Los grandes cambios sociales: ¿cómo se resquebrajó la pirámide?” pasa reseña al proceso de cambios que han ocurrido en nuestra sociedad en las últimas décadas. Es un análisis brillante y da una explicación convincente de lo ocurrido. La idea de fondo es que ha habido ineficiencia (o debilidad) del Estado, a través de los distintos gobiernos, para atender las demandas sociales de la gran irrupción social de la urbanización acelerada y las migraciones desde el campo a la ciudad; la irrupción de las invasiones y la informalidad. Ha sido un camino contradictorio hacia la modernidad, logrado por métodos no ortodoxos y por lo general acompañado de la transgresión de las normas. Los sectores sociales emergentes han ascendido económica y socialmente sin siempre respetar las normas sociales. Los de abajo han triunfado y a su modo se han vengado de la dominación colonial que los marginaba del progreso. De ahí que este proceso de ascenso social se haya dado mediante actitudes denominadas “informales” que en buena medida han sido actitudes transgresivas de la normatividad, justamente porque se trataba de una normatividad excluyente. De haberla respetado no hubieran podido ascender.

Como consecuencia tenemos que hoy: “el camino de ascenso de las clases populares está relacionado con la aceptación social. La tercera generación de migrantes ya comparte universidades, discotecas y música: formación, diversión y cultura. … los nietos de los migrantes reivindican sus barrios y han empezado a darle valor a su pasado andino, ese que hasta hace poco era estigmatizado en la sociedad formal peruana…. Luego de migrar a las ciudades, los nuevos citadinos comenzaron de manera casi permanente a crecer en bienestar y en capacidad económica, mientras que las clases medias tradicionales disminuían la suya. Hoy estos nuevos citadinos están adquiriendo legitimidad social, al mismo nivel que las clases tradicionales”.  

Una idea central en la argumentación de  Arellano es que, lo que ha permitido el gran fenómeno de creación de riqueza paralela al sistema formal tradicional, ha sido justamente la incapacidad del Estado (a través de varios gobiernos) en imponer las reglas de juego (que eran convencionales y tradicionales).  

El aspecto positivo de esa transgresión ha sido la inserción de los de abajo a las clases medias; sin embargo hay un aspecto que Arellano no toca y en mi opinión es la parte débil de su libro: si la transgresión ha permitido el ascenso social del sector emergente, esta misma transgresión ahora atenta contra la posibilidad de mayor progreso. Al análisis que hace Arellano le falta añadir el hecho, no casual, que junto al ascenso social del sector emergente se ha dado la aparición del terrorismo. La debilidad del Estado en imponer las normas al sector emergente ha sido la misma debilidad que ha permitido el avance del terrorismo en la década de 1980. Ahora se ve como necesario introducir medidas de normatividad y orden social. Cosa que se puso de manifiesto muy claramente en la década de 1990, cuando la mayoría de la población (de todos los estratos) pedía a gritos que se ponga orden en la sociedad. 

De la lectura del libro aparece que quienes están en condiciones de introducir medidas correctivas para establecer (o restablecer) el orden social son los mismos que han ascendido en la estructura social. Si hace unas décadas la transgresión era funcional al ascenso social, ahora es disfuncional. Se me ocurre que el ejemplo más claro es el hecho que los pequeños empresarios de Gamarra, que se beneficiaron de la informalidad al inicio de su proceso de ascenso, ahora requieren de la formalidad y sobre todo del orden social para mantener y desarrollar sus negocios. Lo mismo sucede a nivel de la agricultura, del transporte, de la construcción y de otras actividades económicas. En el caso de la minería la situación es más que evidente: la informalidad en este sector amenaza con destruir el ecosistema.

Si en las últimas décadas el Estado ha sido incapaz de mantener el orden social, quienes pueden hacerlo en el futuro son los que ayer transgredían normas. El combate a la informalidad solo puede ser ganado incorporando en esta tarea a los que ayer fueron informales. Esto se puede aplicar al transporte público, que es caótico, pero cuyo ordenamiento solo puede hacerse con el concurso de quienes ayer utilizaron a su favor la trasgresión de las normas. Hoy la transgresión ya no es funcional. A la luz de este análisis se hace evidente la necesidad de Estado, es decir de un aparato que ponga orden (no represión) en la sociedad, para el desempeño de las actividades económicas y sociales. 

El otro aspecto que habría que comentar en relación con este libro, al menos tangencialmente por lo corto de este artículo, es que la clasificación social en el Perú de hoy no puede hacerse solo con criterios económicos, como se ha hecho prevalentemente en el pasado, sino con criterios psicológicos y de comportamientos individuales. Aquí es donde aparece como algo clave la utilización de la categoría de “estilos de vida”, que es transversal a los distintos estratos sociales. Es importante destacar el hecho que se trata de una categoría que hace alusión a comportamientos individuales, no sociales. Los miembros de una misma familia pueden tener distintos estilos de vida. Esta sola idea es tremendamente innovadora en las ciencias sociales peruanas, donde las variables psicológicas y comportamentales a nivel individual no han sido tenidas en cuenta en el pasado. Es así que los peruanos de hoy pueden ser clasificados en: sofisticados, progresistas, modernos, adaptados, conservadores, y resignados, más allá del estrato económico en el que se encuentran.

La categoría de estilos de vida es enormemente innovadora, porque permite integrar el análisis psicológico con el sociológico, el económico, e incluso el político. Para quien está acostumbrado a leer análisis estructuralistas que pretenden dar explicaciones del comportamiento de la gente solamente en función de su ubicación económica, es un verdadero placer ver cómo las categorías que propone Arellano integran en el mismo análisis  las distintas dimensiones sociales: psicología, sociología, economía, y hasta cultura. Todo ello a partir del consumo, aspecto que para las ciencias sociales convencionales era un aspecto secundario. Arellano parte del análisis del consumo, por eso puede ser innovador y explicativo, no solamente descriptivo. Desde este punto de vista, Arellano forma parte de las nuevas tendencias de las ciencias sociales, aparecidas desde una disciplina hasta ahora despreciada en muchos ambientes de la academia: el mercadeo, o el análisis del consumo. Es que las teorías sociales que han predominado en el Perú, partían del supuesto que el consumo era en beneficio de solamente algunos, o dictado solamente por las empresas productoras, por lo tanto no tenía sentido estudiarlo. Quienes lo hacían eran considerados despectivamente “marketeros”. Ahora los marketeros han demostrado tener menos prejuicios y mejores ideas para explicar los fenómenos sociales.


Giovanni Bonfiglio



 

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Carlos E. Paredes
En la década de los 80, tras graduarnos de la universidad y con un par de años de trabajo a cuestas...(+)

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