COLUMNAS DE OPINIÓN 
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Extrema riqueza humana
Escrito por Richard Webb   
6 / 09 / 2010

familia_acogedora_250.jpgLlegamos hasta la casa de un líder de la comunidad de Ayavilca, en las alturas de Coyllurqui en Apurímac.


El dueño estaba ausente, probablemente porque era un día de feria, pero el aviso pintado en la entrada rezaba “Familia acogedora – Pase usted”.


Como entendiendo la actitud de su amo, el perro dormido al pie de la puerta no pestañeó cuando nos acercamos.


El vecino sí se encontraba, y nos invitó una fresca chicha mientras explicaba con orgullo las innovaciones introducidas en su comunidad: reservorios cavados por ellos mismos para recolectar agua de los manantiales y las lluvias, mangueras y botellas de plástico agujerados para irrigar por aspersión, honduras para crear abono natural y para relleno sanitario, albergues para separar los cuyes de la casa, cocinas mejoradas y otras.


Era la época más seca del año y los lotes irrigados se distinguían como alegres manchas verdes desparramadas por las laderas. Las hortalizas y los cuyes, dijo el vecino, no eran solo para consumo propio sino para venta en las ferias.


Nos habíamos preparado para la caminata larga desde la pista que el guía recordaba de su visita dos años atrás, pero las cuarenta familias de la comunidad se habían organizado para extender la pista hasta sus casas por esfuerzo colectivo.


Comentamos la abundancia de perros y caballos en la zona, pero puso cara severa y dijo que por decisión de la comunidad los caballos se iban a limitar, y los perros, porcinos y gallinas a prohibir, por las enfermedades que traían y porque consumían el alimento escaso.


En un morro que dominaba la comunidad se erguía un mirador desde donde se divisaba la escuela nueva, y donde un pequeño muro anunciaba su programa político: “Identidad, salud, educación, nutrición. Juntos en la lucha contra la extrema pobreza. El Perú avanza”. Y para que no quepa duda, la flamante firma del presidente de la comunidad pintada en el muro.


Recorriendo los seis distritos de la provincia de Cotabambas de Apurímac encontramos repetidas veces la misma cortesía, voluntad de trabajo y sentido común que exhibían los comuneros de Ayavilca.


A esos valores se suma un gran número de esfuerzos solidarios, como las escuelas de religiosos italianos, el cálido compromiso de trabajadoras de salud y el inteligente trabajo que ejercen los capacitadores (los yachachiq) del programa Sierra Productiva.


La pobreza es honda y los obstáculos tan inmensos como los cañones de los ríos que seccionan la provincia, pero en Cotabambas hay extrema riqueza humana.


Richard Webb


Publicado en El Comercio, 06 de septiembre de 2010

 

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