1. Venezuela, tierra de gente alegre y espíritu libre, país de grandes riquezas naturales e historia de importantes luchas por la democracia, está pasando por uno de sus momentos más oscuros e inciertos. La corrupción se ha hecho omnipresente en la vida de los venezolanos y la inseguridad se extiende día a día como un cáncer que ya hizo metástasis: inseguridad sobre si lo que hoy es tuyo mañana lo seguirá siendo; inseguridad sobre si al final del día regresarás sano y salvo a casa; inseguridad sobre las siempre cambiantes reglas del juego; y, en general, incertidumbre sobre la vigencia y el respeto de los derechos básicos del ciudadano. Cuando uno visita Venezuela, verifica con tristeza que uno de los aspectos más frustrantes a que se enfrentan sus ciudadanos reside en la violencia verbal y política cotidiana de un gobierno cada vez menos legítimo y cada vez más autócrata; violencia gubernamental que agrede y transgrede todos los ámbitos, y que a diario violenta lo que hoy en el gobierno de ese país parece ser el menos común de los sentidos: el sentido común.
2. Como gota que rebasa la copa de leyes propulsadas por un Ejecutivo prepotente y trastornado, la Asamblea Nacional (Congreso) recientemente aprobó una "ley habilitante", mediante la cual le delegó el poder de legislar al presidente Chávez por 18 meses. So pretexto de una emergencia causada por las lluvias, se le otorgó la facultad de legislar en materia de sistema económico, banca y seguros, fuerzas armadas y cooperación internacional, entre otros (!). Como es conocido, a comienzos de enero se instalará una nueva Asamblea, recientemente electa, en la que el chavismo -gracias a una previa y "oportuna" redefinición de los circuitos electorales- gozará de mayoría absoluta (a pesar de haber perdido el voto popular), mas no de una mayoría calificada (requerida para la aprobación de leyes orgánicas). Y pareciera ser que el oficialismo no está seguro de poder contar con la lealtad sumisa e indefinida de sus representantes electos a la nueva Asamblea, por lo que la Asamblea saliente recurrió al burdo expediente de delegar poderes por un periodo que excede largamente al de su vigencia (¡un año y medio!).
3. Pero eso no es todo, en las últimas semanas de su existencia, la actual Asamblea Nacional aprobó un sinfín de normas trascendentales, muchas de ellas elaboradas y corregidas a último minuto. Por ejemplo, aprobó una nueva Ley de Partidos Políticos que abre la posibilidad de sancionar a los diputados que cambien de bando político (¡pobre de aquél que quiera abandonar el oficialismo!), una nueva Ley de Universidades que debilita la autonomía universitaria (que enfrentará la respuesta de los estudiantes el próximo 10 de enero), entre muchas otras normas supuestamente de carácter socialista, pero realmente carentes de sentido común y que solo se explican por la inseguridad del presidente y su creciente necesidad de concentrar aún más el poder.
4. En el importante estado del Zulia, bastión de la oposición, el gobierno anunció la semana pasada la expropiación de 47 fincas ganaderas por improductivas. Luego, al enfrentar la reacción en contra de la población y verificar que de improductivas no tenían nada, el Ejecutivo cambió de argumento y señaló que las expropiaría porque en ellas se practicaba la esclavitud. ¡De Ripley! Supongo que al no encontrar al Kunta Kinte venezolano del siglo XXI en los alrededores del Lago de Maracaibo, el gobierno buscará algún otro pretexto. Pero la razón verdadera ya la anunció Chávez: "Hay que profundizar la revolución". El problema es que no sabemos de qué revolución nos habla, pues en Venezuela no hay revolución, sino involución.
5. Pareciera que en la lógica de Chávez, este necesita polarizar aún más a la sociedad venezolana y, en el proceso, amedrentar, y llevar la situación a un extremo que le permita decretar un estado de excepción. Así terminaría de quitarse la careta y enseñaría al mundo lo que verdaderamente es: el dictador de una república que bajo su mandato se ha convertido en una república bananera de pleno derecho.
Carlos E. Paredes
Publicado en el diario Gestión, 30 de diciembre de 2010










