Grimaldo González es un artesano del centro poblado Iglesiapampa, en las cercanías de San Pablo, capital de la provincia homónima en el departamento de Cajamarca. Junto a otros artesanos de esa localidad, Grimaldo elabora hermosas estatuillas con piedra marmolina. Hace un año recibieron apoyo de un programa gubernamental de apoyo a artesanías rurales, gracias al cual pudieron formalizar su asociación de artesanos a la que denominaron “Kunturwasi”; han hecho pasantías en otras ciudades y han podido colocar su producción en el circuito comercial nacional. Es así que la producción de estos artesanos se puede encontrar ahora en los mercados artesanales de Lima.
Los artesanos de esta asociación son a la vez pequeños agricultores, con la excepción de Grimaldo, quien además de artesano tiene un programa radial en una emisora local, a través del cual transmite mensajes motivacionales con un claro contenido religioso; el nombre de su programa es “La voz de la Esperanza”. Ello es expresión del gran auge de las denominaciones protestantes en esta zona de Cajamarca, donde hasta los municipios apoyan para la construcción de iglesias evangélicas. La esposa de Grimaldo tiene una bodega en el pueblo, pero sus cuatro hijos viven en la ciudad de Cajamarca, donde han ido a estudiar: uno es profesor, otro es técnico, uno estudia en la Universidad y otro más está postulando. El padre se muestra orgulloso de este logro y menciona que les alquila un cuarto en la ciudad; dice que ha hecho eso para que sus hijos: “tengan otros horizontes, y por qué no, migrar a otro país”. El mensaje de Grimaldo es claro: que sus hijos salgan del campo donde “no hay horizontes”.
Además del apoyo recibido para su producción de artesanías, Grimaldo cuenta con corriente eléctrica en su hogar, lo que le permite contar con televisión, radio y una plancha. Sin embargo el consumo de electricidad es menor a 25 kwh/m (paga entre 12 y 23 soles al mes por este servicio). Sin embargo, para la empresa que da servicio de energía eléctrica, Hidrandina, Grimaldo es uno de los tantos jefes de hogares rurales cuyo consumo de electricidad es demasiado bajo para dar sostenibilidad a la red que se ha construido para ampliar la frontera eléctrica en el campo de Cajamarca. De ahí que esta empresa haya tenido que acudir a una institución especializada para promover el uso de la electricidad; la cual está en tratos con Grimaldo, para que utilice herramientas eléctricas con las que producir estatuillas de marmolina. Ya le han proporcionado, gratuitamente, un motor eléctrico y una herramienta para moldear sus estatuillas, con lo que se ha comprobado que la productividad aumenta considerablemente. Si antes demoraba un día en hacer una estatuilla, con electricidad puede hacer tres o cuatro. Además de electricidad, la provincia de San pablo está ahora conectada con Cajamarca y la costa por una moderna carretera asfaltada, que ha reducido en más de la mitad la duración de los traslados a esos destinos.
En la capital de la provincia de San Pablo, muy cerca de Iglesiapampa, existe un Centro Experimental de Formación Profesional (CEFOP), que es una escuela técnica pública, administrada por Fe y Alegría. Esta escuela está orientada a formar jóvenes en carreras agropecuarias; está bien dotada en cuanto a equipos para la elaboración de quesos; cuenta con un pequeño establo con vacas de raza mejorada (Brown suis); hay una planta de elaboración de forraje ensilado. El ingreso a este Centro de Formación es gratuito, así como la matrícula; incluso se cuenta con ambientes para que los jóvenes puedan residir ahí. A pesar de estar de numerosos poblados rurales, al CEFOP le cuesta tener suficientes alumnos para sus cursos, pues los jóvenes rurales prefieren estudiar administración de empresas, computación o enfermería, tanto en el instituto tecnológico de la ciudad o estudiar en instituciones de Cajamarca e incluso de otras ciudades de la costa norte. Esta poca aceptación de los servicios que da el CEFOP se da pesar que no se exige la culminación de la secundaria común, y se ofrece alojamiento gratuito a los estudiantes, que viven en internado. O sea, ni con matrícula ni pensión gratis los jóvenes rurales desean estudiar una carrera agropecuaria. Para ellos estudiar una carrera que se relaciona con el campo es algo de bajo prestigio, los aleja de su anhelo (y el de sus padres) de ubicarse en ciudades. Los profesores del CEFOP declaran que tienen que tienen que “perseguir” a los postulantes a la hora que se abre la matrícula; tienen que hacer casi un sistema de “leva” como se hacía antes en los cuarteles. Otro dato significativo es que la mayoría de los actuales estudiantes del CEFOP son de la provincia de Rioja, del departamento de San Martín. Ello obedece a un hecho fortuito: un profesor del CEFOP es pariente de un consejal de Rioja, y en una de sus visitas a esa ciudad logró hacer un convenio con el municipio, para que jóvenes de Rioja vayan a estudiar al CEFOP de San Pablo. Quizás, gracias a los riojinos se ha evitado que el excelente CEFOP de San Pablo haya tenido que cerrar.
Parece que hay un fuerte movimiento expulsor desde el campo a la ciudad, que atrae a los jóvenes como un gran imán. Las carreteras, cada vez mejores, no hacen más que fortalecer el imán y facilitar la “huída” del campo.
Las observaciones hechas en la provincia de San Pablo coinciden con las que se han podido hacer en la de Celendín en agosto de 2010, y con tantas otras observaciones hachas en las numerosas visitas de campo a zonas rurales del país. En los últimos años. Recuerdo en particular la visita hecha a Sullana años atrás, donde los jóvenes de esa localidad costeña boicotean las carreras agropecuarias que se ofrecen en el instituto tecnológico de la ciudad, a favor de las carreras “urbanas” (computación, administración, contabilidad, enfermería, mecánica, etc.). A la luz de estas observaciones se podría decir que los que viven en el campo son los que no han podido migrar, los que no han podido huir de él. Haya una actitud resignada en los pobladores rurales; ellos residen ahí a pesar de sus deseos e intenciones. Por eso, en su gran mayoría se trata de adultos mayores y niños; los jóvenes son los que más fácilmente migran, porque no tienen ligazones (materiales y afectivas) con el lugar donde han nacido.
Esto se da a pesar de los esfuerzos que se hacen por “fijar” a la población rural en su lugar de origen a través de programas de diverso tipo: educativos; de apoyo productivo; de búsqueda de mercados; incluso de los programas de electrificación rural y de expansión de la red vial. En vez de fijar a la población rural en su lugar de origen, estos programas contribuyen a la migración del campo a la ciudad. Es una huída histórica de larga data. Casi todos los que nacieron hace 50 años en ciudades intermedias de la costa (por ejemplo en Chilete o Chepén), son hijos de pobladores rurales de las provincias de Cajamarca. Es la larga marcha de la migración aluvional del campo a la ciudad del siglo XX, que no se detiene. Es lo que observó y tanto atribuló a José María Arguedas en el Chimbote de los años 60 del siglo pasado. Quizás el cambio más significativo que hay ahora es que el destino final de la huída son las ciudades intermedias, por lo menos en mayor proporción de lo que era antes, dada la saturación de las mayores ciudades y dadas las mejores oportunidades existentes en las ciudades intermedias. Hoy las capitales de provincia son las nuevas “metrópolis” en ciernes.
La “larga marcha” o huída del campo no solo es motivada por razones económicas, sino por razones de prestigio. Los jóvenes huyen del campo porque ser rural significa ocupar el peldaño inferior en la escala del prestigio social. Los programas de desarrollo rural que buscan contrarrestar la migración a la ciudad, pueden mejorar las condiciones de vida de la población pero nunca podrán detener la huida hacia la ciudad. Estas observaciones refuerzan la propuesta de que el desarrollo rural no es tanto desarrollo del campo, sino de las ciudades y de las poblaciones intermedias: ese es el nuevo campo peruano. Quizás el término “desarrollo rural” debería ser reemplazado (o complementado) por el de desarrollo urbano de las ciudades intermedias.
Giovanni Bonfiglio
Giovanni Bonfiglio










