Jaime Delgado Zegarra ha obtenido una de las más altas votaciones entre todos los candidatos que integrarán el nuevo Congreso. Pertenece al partido supuestamente antisistema. Las credenciales del congresista Delgado Zegarra se resumen en su infatigable labor defendiendo los derechos de los consumidores. Tal currículo invita a preguntar qué de antisistema hay en ese perfil. En puridad, si por sistema entendemos a la economía de mercado, la respuesta se hace evidente: nada puede resultar más prosistema que el defender a los protagonistas de la demanda dentro del mercado, es decir, a los consumidores.
Esta defensa implica reconocer la legitimidad de la economía de mercado como marco institucional de concurrencia entre los agentes económicos. Pero, entonces, ¿cómo interpretar la aparente contradicción causada por la masiva votación alcanzada por este exponente del antisistema prosistema? Para bosquejar respuestas se requiere hurgar en nuestra particular semántica política: ¿a qué sistema nos referimos los peruanos cuando caracterizamos a algunos actores políticos como antisistema?
Dentro de la cartografía del surrealismo que nuestra realidad nacional encarna, el capítulo de la economía de mercado merece ser destacado. Una economía de mercado madura implica la concurrencia equilibrada de oferta y demanda, bajo la mediación del Estado como garante de las reglas de juego. Dentro de tal marco, el poder económico, político y jurídico de los agentes económicos encuentra límites y contrapesos para preservar la integridad y la equidad de las transacciones.
En las sociedades desarrolladas, la gobernanza democrática se proyecta y se refuerza a través de la economía de mercado. Pero, en sociedades subdesarrolladas, el Estado suele quedar capturado por intereses particulares que se imponen ilegítimamente al resto de actores: abundan las prácticas monopólicas, las posiciones dominantes dentro del mercado y los conflictos de intereses desregulados; al par que queda vaciada de contenido la condición de consumidor, que debiera ser complemento de la noción fundamental de ciudadano. Paradójicamente, se emplea la fraseología de libre mercado para encubrir este tipo de realidad, que en puridad representa su negación: el mercantilismo se apropia del discurso de liberalismo económico tergiversando su genuino contenido emparentado con el liberalismo político.
El Perú es un ejemplo clamoroso de la captura del Estado y del mercado por intereses particulares que atentan contra la libre y equilibrada concurrencia de los agentes económicos. Los consumidores somos cotidianas víctimas de las prácticas abusivas de grandes empresas, tanto en los rubros de servicios públicos esenciales cuanto de transacciones privadas sobre bienes y servicios, sin contar con mecanismos de protección eficaces.
Los verdaderamente antisistema son los abusivos beneficiarios de tales prácticas que –vale reiterarlo– constituyen una flagrante negación de los valores de la economía de mercado. Es por ello que los consumidores-electores hemos apoyado masivamente al único candidato que tiene la lucidez y el compromiso cívico de abogar por nosotros. Bien harían los agoreros de la debacle nacional en reflexionar sobre el poderoso mensaje que los consumidores-electores han emitido.
Oscar Schiappa-Pietra
Publicado en el diario La República, 5 de junio de 2011










