COLUMNAS DE OPINIÓN 
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La buena marea
11 / 07 / 2011

En el año 1947 el explorador noruego Thor Heyerdahl se embarcó en una balsa, bautizada el Kon Tiki, y partió desde el Callao hacia las islas de la Polinesia. La balsa fue construida siguiendo las descripciones de los primeros españoles que llegaron al Perú y conocieron las embarcaciones utilizadas por los eximios marineros Tallanes de Piura. Heyerdahl buscaba demostrar la probabilidad de que ese mismo viaje pudiera haber sido realizado por peruanos en siglos anteriores. El noruego logró su cometido científico. Durante 97 días la corriente, hoy llamada la corriente Humboldt, lo impulsó casi 7.000 kilómetros hasta que llegó a la isla Polinesa Angatau.


Hoy el Perú entero vive una aventura de navegante, impulsado también por una marea poderosa e invisible. Como la corriente Humboldt, es una marea que existe fuera de nuestro país, y que hemos escogido adrede para el viaje. Me refiero a la gran corriente de modernización que viene transformando la gestión y las técnicas de casi toda actividad, trátese de los cultivos, de las fábricas, de los bancos, del cuidado de la salud, de cómo nos educamos y nos comunicamos, e incluso de nuestro esparcimiento.


Como el Kon Tiki, el movimiento del día a día es casi imperceptible y la atención del navegante no está puesta en el pequeño pero seguro deslizamiento diario. Más bien los titulares diarios para la tripulación eran la seguidilla de dramas y amenazas físicas y humanas del viaje. La tripulación debió atravesar grandes tormentas, roturas, problemas entre compañeros, a la vez que se maravillaba con los descubrimientos de la vida marina.


Nuestro viaje hacia un Perú moderno es impulsado igualmente por una corriente poco percibida. Identificamos el progreso con la inversión, que sí podemos ver. Cada nueva inversión es vista como un paso hacia delante, hace noticia, se comenta y a veces crea conflictos que amenazan el viaje entero.


Las inversiones son un motor visible del avance, pero hay otro motor de igual o mayor importancia que es la corriente de mejora lenta pero segura de la eficiencia, la técnica, la calidad de la gestión, en fin, lo que los economistas llaman la productividad total en el uso de los instrumentos de producción.


Desde hace dos décadas, esa marea de creciente productividad ha sido decisiva para nuestro progreso, creando un avance anual de 2,4%. En Brasil, México y Colombia la tasa fue cero para el mismo período, y en Chile apenas 0,1%. Esa es la Copa América, la de la modernización, que debemos seguir ganando.



Richard Webb


Publicado en El Comercio, 11 de julio de 2011

 

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