COLUMNAS DE OPINIÓN 
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Parece que va a llover... El cielo se está nublando…
5 / 01 / 2012

1. El panorama económico internacional se presenta complicado e incierto; los motores de la economía mundial se están desacelerando. En el mejor de los casos, los desequilibrios fiscales del mundo desarrollado se reducirían causando una mayor desaceleración en el corto plazo, pero en el peor, estos detonarían, causando una nueva y más profunda crisis, que pondría de manifiesto el carácter sistémico y transfronterizo de la fragilidad financiera actual. Sin duda, los nubarrones en el horizonte se van tornando más oscuros.

2.“Parece que va a llover / El cielo se está nublando / ¡Ay, mamá!, me estoy mojando”. Y al igual que en la conocida canción, me temo que podríamos terminar refunfuñando: “Salí para la ciudad / Confiado con mi paraguas / Y ahora que llueve ya / ¡Ay! Se me olvidó en la guagua (el bus)…” En efecto, algunos respetados colegas, preocupados con el inminente chaparrón, sugieren actuar “ya”, ser más proactivos, incrementar el gasto fiscal y bajar la tasa de interés de referencia del BCR. En su visión, si la nueva crisis y la mayor desaceleración que esta traerá nos agarra con mayor viada inicial, el resultado económico sería mejor que si la posible crisis nos agarra con un menor ritmo de crecimiento al comienzo de la misma.

3. A primera vista, la sugerencia tiene sentido. En efecto, si voy en mi bicicleta a 40 km/h y, en respuesta a algún evento externo, bajo la velocidad en 10 km/h, terminaré desplazándome a 30 km/h. En cambio, si inicialmente hubiese estado yendo a 30 km/h, tras la desaceleración, terminaría desplazándome a 20 km/h. Sin embargo, esta comparación resulta inapropiada. Primero, hay que preguntarse: ¿por qué el ciclista del ejemplo reduce la velocidad? Es probable que ante la sensación de peligro y el hecho de no conocer la ruta, el ciclista, en forma sensata, decide desacelerar. En contraposición, la recomendación de los colegas “pro-activos” es: “¡acelera!, que ya viene una curva peligrosa” y, es más, “hazlo y consume tu reserva de energía antes de enfrentarte al precipicio o a la tormenta”. Claramente, la propuesta de un mayor estímulo temprano puede resultar contraproducente; de hecho, puede llevar a que “dejemos olvidado el paraguas en la guagua” (en el caso que quememos nuestro escaso margen de maniobra fiscal y monetario ahora).

4. Usualmente, este tipo de propuestas refleja la creencia de que las autoridades están en la capacidad de hacer un “fine-tuning” (afinamiento preciso) de la economía, la cual es inconsistente con el poco conocimiento cuantitativo que tenemos de la dinámica macroeconómica y de la naturaleza de los shocks que nos podrían afectar en el futuro próximo. A diferencia de lo que sucede con un buen chef, los economistas no tenemos la capacidad de “probar la sopa” y decir seriamente: “uuummm, ahora sube el gasto en 1.75% del PBI y reduce la tasa de referencia en 75 puntos base…” e ir variando la receta mes a mes. ¡No seamos ingenuos!

5. Si algo aprendimos de la crisis anterior, es que no debemos desesperarnos. La capacidad de gestión del gasto público es muy limitada. No despilfarremos nuestros escasos ahorros; enfaticemos la calidad del gasto público antes que el nivel del mismo. No debemos centrar tanto la atención en cuánto creceremos en el 2012, sino en cuánto habremos crecido al final del quinquenio. Y para esto, lo esencial es la dinámica de la inversión privada. Hagamos política económica pensando en el 2016 y no en el 2012. Esto no solo tiene sentido económico, sino sentido político y, sobre todo, sentido común.


Carlos E. Paredes


Publicado en diario Gestión, 5 de enero de 2011


 

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