COLUMNAS DE OPINIÓN 
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El nuevo discurso de Humala
16 / 02 / 2012

1. En los primeros seis meses del actual gobierno hemos presenciado la gran transformación del discurso de Ollanta Humala. Algunos ejemplos: en la minería, la promesa de crear un impuesto a las sobreganancias mineras –fuente de gran incertidumbre a mediados del año pasado en el sector- fue adecuada exitosamente al marco legal vigente, y ahora pareciera que el gobierno trata de facilitar el inicio de una serie de megaproyectos mineros. En comercio exterior, ya no se habla de revisar los TLC, ahora nos preparamos a negociar nuevos tratados con Rusia e India. En materia macroeconómica, se logró tempranamente una mejora en la calificación de riesgo de nuestra deuda soberana y vemos cómo el presidente va al exterior a atraer inversionistas.

2. Lejos de constituir una traición a su electorado, esta transformación en el discurso resultaba indispensable para que el presidente no terminase defraudando a su electorado y pudiese alcanzar el objetivo principal de su campaña electoral: crecimiento con inclusión. Pues sin inversión no hay crecimiento, y sin crecimiento no puede haber inclusión. De hecho, la mutación del discurso tuvo su origen en la campaña misma, cuando el plan de gobierno original de Gana Perú, también denominado “La gran transformación” fue reemplazado por la famosa “Hoja de ruta”. El enorme peso de la realidad, el buen consejo y la buena disposición para escuchar y cambiar se encargaron de consolidar la transformación del discurso del presidente.

3. En este contexto no sorprende que sus asesores iniciales, autores o colaboradores del plan de gobierno original, veteranos de las canteras de la vieja izquierda, se hayan ido retirando de sus puestos de asesores. Lo mismo sucedió hace dos meses con la caída del Gabinete Lerner y la salida de una serie de colaboradores sin afinidad con el discurso que quiere transmitir el Presidente. Ahora cabe preguntarnos: ¿Qué va a pasar con la bancada parlamentaria de Gana Perú? A diferencia de los asesores y los ministros, los parlamentarios no se pueden cambiar.

4. Hace tres semanas hubo un amago de cisma en la bancada oficialista (tal vez, entre los de “izquierda” y los de “abajo”, pero, más probablemente, entre algunos que se sienten “dejados de lado” y los que se saben “incluidos”), mientras que el viernes pasado ¡ocho congresistas oficialistas estuvieron presentes en un mitin político antigubernamental liderado por el principal opositor político del gobierno: el Sr. Gregorio Santos! La verdad, una conversadita mensual del presidente con su equipo parlamentario sería muy útil para afinar discursos.

5. Tener un discurso coherente con el crecimiento con inclusión, como el que está tratando de adoptar el gobierno, es una condición necesaria para cumplir con las principales promesas de campaña de Ollanta Humala, pero no es suficiente. El discurso nos dice: ¿qué vamos a hacer?, ¿cómo lo vamos a hacer?, ¿con quiénes lo vamos a hacer? Un buen discurso es como un buen plan que invita a la acción. Sin embargo, para ejecutar los planes de gobierno se requiere con urgencia mejorar la calidad de la gestión y de los funcionarios públicos, a todo nivel. Es más, es importante resaltar que para acompañar al sector privado en su crecimiento, en vez de entorpecerlo, se requiere de muchos más funcionarios públicos capacitados para evaluar técnica y eficientemente la infinidad de procesos que caracteriza la interacción entre los sectores público y privado; funcionarios bien remunerados, empoderados para tomar decisiones, respaldados y protegidos por la ley por hacer su trabajo. En este campo, el reto todavía es enorme.


Carlos E. Paredes


Publicado en diario Gestión, 16 de febrero de 2012

 

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Carlos E. Paredes
En la década de los 80, tras graduarnos de la universidad y con un par de años de trabajo a cuestas...(+)

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