Hay dos formas de crear riqueza. Una consiste en producir las cosas que deseamos, otra, simplemente, en mover las que ya existen. Aunque la palabra “simple” es inexacta. Cualquier gerente puede supervisar una labor repetitiva y estandarizada en una fábrica u oficina. Pero en un país donde los caminos son de susto, los cerros bloquean al celular, las autoridades definen sus permisos cuando quieren, los ladrones dan sorpresas, el tráfico es un nudo, y cada individuo tiene su propia “hora peruana,” trasladar las cosas para que estén donde se les necesita y en el momento preciso es tarea para un genio. El arte de sortear obstáculos para mover las cosas hoy pretende ser ciencia, la llamada logística, basada en modelos matemáticos y que empieza a figurar en los programas universitarios.
El valor de una cosa depende en gran parte del donde y cuando de su ubicación. Los plátanos que crecen solos en medio de la selva, ¿tienen valor? Un chupe de corvina en un restaurante de lujo, ¿cuánto vale si la indispensable tajada de limón llega cuando la sopa ya está fría? ¿O el crédito que se aprobó muy tarde para el negocio que se buscaba? ¿O el vestido de matrimonio que se entrega un día después de la boda? Pero al comerciante y al transportista que multiplican el valor de las cosas con su labor e ingenio, y también al banquero que se dice no hace más que mover dinero ya existente de un lado para otro, se les acusa de no ser productivos, y más bien se les dice predadores del agricultor o del fabricante.
En la última gran hambruna que ha conocido el mundo, que se dio en los años 1943 y 1944, murieron 3 millones de personas en el estado de Bengal en la India. Cuando el economista hindú Amartya Sen estudió las causas del desastre, descubrió que en realidad no hubo falta de comida en ese momento en la India . Pero los alimentos estaban en lugares alejados de los hambrientos, y la falta de comunicación y de medios de transporte impidieron que llegaran adonde se les necesitaba. Más allá de explicar la hambruna, Sen nos abrió los ojos al papel crítico de la logística.
El Índice de la Conectividad, creado recientemente por la empresa transportista DHL, también ayuda a reconocer la riqueza creada por el movimiento de las cosas y de la gente. El Índice evalúa a los países según su nivel de movimiento comercial, de capital, de personas, y de información. La evaluación descubre una fuerte relación entre el nivel de movimiento y el nivel de riqueza y bienestar del país. Para el Perú, la buena noticia es que si bien nos ubicamos en el puesto 57 entre 125 países, hace cinco años estábamos en el puesto 69. Si la economía peruana está despegando, se debe no sólo a que producimos más en el campo y en la ciudad sino a que estamos aprendiendo a mover las cosas con más eficiencia.
Richard Webb
Publicado en El Comercio, 30 de abril de 2012
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