La huelga en Bagua se inició hace un año y fue levantada luego de los hechos trágicos y de negociaciones que culminaron en un detallado programa de futuras acciones. Pero ni el Estado ni la opinión pública se han ocupado de hacerle un seguimiento; tampoco los nuevos conflictos ocurridos en otros lugares han producido la reflexión y las medidas de corrección y de prevención cuya necesidad se hizo evidente con el estallido inicial.
El colapso financiero mundial, que se inició en 2008, cuya secuela ha sido la destrucción de bancos, ahorros, pensiones y puestos de trabajo en gran parte del mundo, también tuvo sus señales de alerta e igualmente una olímpica desatención. Hoy nadie acepta ser el culpable. Alan Greenspan, cuando fue presidente del Banco Central de Estados Unidos, ridiculizaba las alertas y ahora se defiende diciendo: “Acerté el 70% de las veces. Erré el 30%”, insólita defensa para cualquier piloto.
El cuerpo humano parece estar más preparado para reaccionar ante los peligros que el cuerpo colectivo de una sociedad. Su sangre contiene un ejército defensivo en forma de glóbulos blancos ubicados en todas partes que, sin un proceso de decisión, atacan automáticamente a cualquier agresor. La biología humana cuenta también con mecanismos de prevención anticipada, como son el dolor y el cansancio. Ciertamente, el cuerpo humano no es perfecto y los mecanismos de defensa caen a veces en excesos, como sucede cuando producen las reacciones alérgicas.
La falta de reacción de las sociedades no se puede atribuir a una falta de información. Proliferan los reporteros, las comisiones de investigación, las ONG entrometidas, las instituciones internacionales que se sienten con derecho a opinar y más de 80 universidades. Los datos abundan por doquier. Además, las barreras logísticas para ver y reaccionar se han reducido masivamente por la multiplicación de caminos, vehículos de todo tipo, celulares e Internet. Más que información, lo que falta es voluntad. Todos sabemos que el tráfico fluye con más rapidez y seguridad cuando se acatan reglas, pero casi siempre nos conviene en el corto plazo ser oportunistas. Para escapar de esos entrampamientos y prevenir desastres necesitamos instrumentos que nos obliguen mutuamente a acatar reglas y así salir del mundo del “estoy de acuerdo, pero en este momento no me conviene”.
Como el cuerpo humano, necesitamos crear inmunidades colectivas. Sin ellas seguiremos siendo una sociedad con el síndrome de inmunodeficiencia adquirida.
Richard Webb
Publicado en El Comercio, 12 de abril de 2010










