COLUMNAS DE OPINIÓN 
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Las Placas Tectónicas Mentales
Escrito por Giovanni Bonfiglio   
15 / 04 / 2010
El reciente artículo de Richard Webb “Un buen temblor” publicado el 29 marzo último, utiliza la analogía geológica para ofrecer una explicación de los conflictos sociales. Esta analogía es muy sugerente porque ayuda a entender que, al igual que un buen temblor evita la acumulación de tensiones que pueden ocasionar un fuerte terremoto, una protesta puede evitar un cataclismo social.

Webb aplica esta analogía geológica a la vida personal y a la economía. También dice que donde falta aprender estas lecciones es en la vida política, donde se está dando una ola de “temblores” en forma de huelgas, movilizaciones, manifestaciones de protesta, tomas de carretera, etc. Nos dice que para entender esta proliferación de temblores debemos mirar los fuertes cambios que se vienen produciendo en las bases de la sociedad: rápida urbanización, crecimiento demográfico explosivo, generalización de la escolaridad, aparición de nuevas fuentes de riqueza, mayor integración gracias a los nuevos medios de comunicación. Al mismo tiempo que hemos perdido capacidad para ordenarnos: “No debe sorprender entonces que se produzcan temblores”. Continuando con el tono optimista y de aliento que Richard imprime a sus artículos, señala que si estos temblores: “se manejan sin pánico y se usan como señal indicativa de la dirección hacia donde el país está obligado a cambiar, los temblores nos pueden salvar de un cataclismo”.

La primera reflexión que me surge, al leer el artículo comentado, es lo útil que son las analogías para entender los fenómenos sociales. Generalmente se utilizan analogías mecánicas y orgánicas, en este caso estamos frente a una analogía geológica, que quizás se adecúa más a la naturaleza telúrica del país.

Abundando en esta analogía, me surge una segunda reflexión: los temblores sociales obedecen no solo a la velocidad con la cual nuestra sociedad se ha urbanizado y se ha complejizado económicamente; también obedecen a las ideas y mentalidades predominantes en la población.

Es sabido que las transformaciones en las mentalidades son siempre más lentas que las que se dan en los aspectos materiales. Por eso, en nuestra sociedad se mantienen “placas tectónicas” mentales centradas en ideas propias de un contexto social y económico pre moderno. Me refiero a la concepción “suma cero” en relación con las actividades económicas (lo que ganan unos es lo que pierden otros); de ahí la desconfianza hacia las empresas en general (sobre todo si son privadas) y hacia los que se enriquecen, pues sobre ellos hay siempre la sospecha de que se han apropiado de algo que no les pertenece o no han distribuido suficientemente. Al mismo tiempo que se mantienen paradigmas mentales arcaicos, que concibe  a la riqueza como un stock fijo y que no se incrementa, por lo tanto, los empresarios en general y en especial los que aprovechan recursos naturales, son percibidos como  los que se están llevando el “banco de oro” sobre el que supuestamente estamos sentados. Muchas de estas concepciones son inconscientes y forman parte del bagaje mental que arrastramos del pasado, que se resiste a desaparecer a pesar de las transformaciones que se dan en aspectos materiales.

Al mismo tiempo hay cambios positivos a nivel de mentalidades, como los que se han encontrado en el estudio acerca de las actitudes mentales de estudiantes de colegios estatales de Lima: en 1962 la mayoría de ellos se identificaba con animales débiles aunque laboriosos (hormigas); mientras que en 2007 la mayoría de ellos se identifica con animales poderosos (tigres)(1). Esta misma mentalidad moderna y favorable al crecimiento económico es la que ha impulsado el espectacular crecimiento de los pequeños empresarios peruanos en las últimas décadas y que está sosteniendo el actual proceso de crecimiento económico, cosa que pocos vaticinaban hasta hace algunos años. Hay razones para ser optimistas.

Se puede decir que las mentalidades más modernas conviven con otras, a modo de placas tectónicas que se empujan entre sí, generando tensiones, fricciones y a veces movimientos bruscos. En tal sentido, se puede considerar la existencia de una placa tectónica mental de origen arcaico, que está en franco retroceso. Es la mentalidad presente en la población de origen rural, consiste en considerar que la riqueza de un país es un stock fijo, es un “banco de oro” que ya existe y que por añadidura se lo llevan otros. Por lo tanto esta concepción, o paradigma mental como lo he llamado, insiste más en la distribución que en la generación de riqueza(2). A esta placa tectónica mental arcaica, se le ha añadido otra de formación más reciente, que no es de origen rural sino urbano, es el producto de la difusión de ideas contrarias a la inversión privada, cosa que se ha hecho masivamente a través del sistema educativo peruano y a través del sistema de ideas hegemónicas en la cultura, durante por lo menos los últimos 50 años.
 
Una reciente visita en provincias del sur del país me ha hecho observar que los prejuicios contrarios a la explotación de recursos naturales se han convertido en el común denominador mental de las capas intelectuales locales; de funcionarios de gobiernos locales y regionales, incluso de las capas medias en general. Justamente ésta es la población que ha pasado por el sistema educativo en las últimas décadas. En cambio, entre los campesinos y dirigentes populares no intelectualizados, predomina el sentido común. Ellos tienen preocupaciones sanas frente a la explotación de recursos naturales, pero no prejuicios. La observación de diversos casos me hace ver que es más fácil que un no intelectual asuma mentalidades modernas en lo económico, que uno que ha pasado por el sistema educativo, sobre todo por los que han pasado por la universidad.

La observación de la realidad reciente en relación con las protestas y tomas de carreteras de los últimos años, hace ver que ellas son grandemente favorecidas por la existencia de mentalidades difundidas en amplias capas sociales de profesionales de mando medio, que han pasado por el sistema educativo en las últimas décadas, donde en su momento recibieron paradigmas mentales centrados en elementos de desconfianza frente a la inversión privada. Baste pensar en el hecho que la gran mayoría de los profesores peruanos han pasado por lo menos por dos cursos de “materialismo dialéctico” en las  universidades y en las escuelas normales donde han sido formados. En esos cursos, además de una visión anti moderna de la economía, se ha difundido una visión de la sociedad, donde el conflicto es visto como algo necesario y hasta saludable. No solo los docentes, sino todos los profesionales peruanos hemos pasado por un sistema educativo donde nos han dado, durante décadas, ideas favorables al conflicto social. La teoría de que la violencia es la partera de la historia ha calado hondo en mucha gente. Varios hemos debido hacer una “reingeniería mental” para sacudirnos de ese tipo de ideas que nos han sido inculcadas en la juventud. Quizás los campesinos y los pequeños empresarios que no han pasado por el sistema educativo y por la universidad se han salvado de los embates de esas de “placas tectónicas” mentales. Por eso, los mayores impulsadores de los conflictos sociales no son campesinos, sino profesionales de todo orden, muchos de los cuales hoy ocupan cargos de responsabilidad de gobierno local, regional e incluso de representación política nacional.    

Lo dicho aquí no quiere dar un mensaje de desaliento y de fatalismo, sino de llamar la atención en el hecho que las “placas tectónicas” mentales, así como han sido construidas por hombres  también pueden ser cambiadas por hombres. En tal sentido, se requiere difundir a través del sistema educativo, ideas y valores favorables a la inversión y al respeto de la autoridad de un Estado que no debe ser visto como algo al que se puede “desbordar” impunemente, sino como algo que debe ser fortalecido y cuya autoridad debe ser acatada, para que pueda controlar los efectos negativos de las actividades económicas, de todo tipo, a fin de evitar el deterioro del medio ambiente así como hacer que los beneficios del crecimiento económico redunden en mejora de las mayorías sociales y no de solo los que están directamente implicados en esa mejora.


Giovanni Bonfiglio


(1) Webb, Richard  “¿Hormigas o tigres? Reflexiones sobre valores”. Universidad San Martín de Porres. Lima, 2008

(2) Bonfiglio, Giovanni “El paradigma mental del mendigo sentado en un banco de oro”. Lima 2007.




 

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Carlos E. Paredes
En la década de los 80, tras graduarnos de la universidad y con un par de años de trabajo a cuestas...(+)

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